Alicia en el País de las Maravillas

Alicia en el País de las Maravillas narra la fantástica y surrealista aventura de una niña llamada Alicia, quien, aburrida mientras está sentada junto a su hermana leyendo un libro sin ilustraciones, ve pasar a un Conejo Blanco que habla y lleva un chaleco y un reloj de bolsillo. Movida por la curiosidad, lo sigue y cae por una profunda madriguera, iniciando así un viaje onírico a un mundo completamente ilógico y maravilloso que desafía las leyes del tiempo, el espacio y la lógica convencional.

Durante su caída, Alicia experimenta una sensación de lentitud y ve estanterías, mapas y objetos flotando a su alrededor. Al aterrizar suavemente, se encuentra en un corredor lleno de puertas cerradas de diferentes tamaños. Encuentra una pequeña puerta que da a un hermoso jardín, pero es demasiado grande para atravesarla. Pronto halla una botella etiquetada con “BÉBEME” y, al hacerlo, encoge. También encuentra una galleta con la leyenda “CÓMEME” que la hace crecer exageradamente. Así comienza una serie de cambios de tamaño constantes que representan la confusión de Alicia ante su propia identidad en un mundo donde las reglas son impredecibles.

En su viaje, conoce a una serie de personajes excéntricos y simbólicos, cada uno representando aspectos del absurdo, la lógica retorcida o incluso críticas sociales. Uno de los primeros es la Oruga Azul, que fuma en pipa y le pregunta "¿Quién eres tú?", una pregunta existencial que desconcierta a Alicia. La oruga le da un consejo enigmático y le indica cómo controlar su tamaño mediante el consumo de diferentes partes de un hongo.

Más adelante, Alicia se encuentra con el Gato de Cheshire, que tiene una sonrisa enigmática y la capacidad de desaparecer dejando solo su sonrisa flotando en el aire. Este personaje es clave porque le indica a Alicia que "todos están locos aquí" y le presenta dos caminos: uno que la lleva hacia el Sombrerero Loco y otro hacia la Liebre de Marzo, con quienes participa en una caótica e interminable fiesta de té, donde el tiempo está detenido y la conversación no tiene sentido lógico. Aquí, los juegos de palabras, acertijos sin solución y los giros de lógica absurda ejemplifican el mundo sin sentido en el que se encuentra.

Alicia también se cruza con otros personajes como el Lirón dormilón, la Reina de Corazones, una figura autoritaria, caprichosa y violenta que ordena decapitaciones con facilidad, y el Rey de Corazones, más dócil y algo cobarde. En el jardín del castillo, se encuentra con cartas vivientes que están pintando de rojo unas rosas blancas para evitar la ira de la Reina. Alicia es testigo de un partido de croquet con flamencos como mazos y erizos como pelotas, una escena que representa el caos y la falta de reglas fijas.

A medida que avanza la historia, Alicia demuestra una creciente madurez al enfrentarse a las absurdidades del País de las Maravillas. Durante un juicio ridículo contra la Sota de Corazones, acusado de haber robado unas tartas, Alicia se da cuenta de lo ilógico del proceso y se rebela contra la Reina, cuestionando su autoridad. En ese momento, comienza a crecer de nuevo y, ya empoderada, se burla del tribunal y rechaza seguir jugando el juego impuesto por las figuras de poder.

Justo cuando la Reina ordena su ejecución, Alicia despierta y se da cuenta de que todo ha sido un sueño. Está de nuevo junto a su hermana, a la orilla del río, y aunque todo lo vivido ha sido fantástico e irreal, la experiencia la ha transformado. El cuento termina con su hermana reflexionando sobre la imaginación de Alicia y su futuro crecimiento, guardando las enseñanzas de ese extraño país en su corazón.

                                








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