
Sin duda alguna, fue de las obras más polémicas -y más
vendidas- del siglo XIX. Madame Bovary, es una novela que trascendió la época,
que rompió con lo establecido, y le valió a su autor como a varios más un
juicio debido a su “decadencia moral”. Gustave Flaubert escribió esta novela,
después de haber tenido cierto éxito y prestigio como escritor; su novela “la
educación sentimental” le garantizó un lugar lo suficientemente elevado, y
decidido dejó ver al mundo el escandaloso manuscrito. Esta novela sufrió las
consecuencias de las normas y dejadeces machistas de la época, pues se trata
nada más que de una mujer adúltera, simplemente libre que disfruta de los
placeres y privilegios de los que con tanta desfachatez gozaban exclusivamente
los hombres. Refleja por completo la dependencia económica y emocional que
mantenía atadas a las mujeres a un marido, que hablaba por ellas, que les
proveía y rara vez les permitía ganarse un ingreso o dejar florecer su
intelecto; casarse significaba pasar a otra custodia paternalista, que se iba a
prolongar hasta la muerte. Sin embargo, aquello no obstaculizó la acogida que
tuvo la novela en el público de la época; al contrario, el atractivo consistía
en el shock que generaba, y dejaba perplejos a los lectores. Quienes eran en gran
cantidad porque la publicación del libro se realizó en un periódico
inicialmente, una decisión favorable que permitió la mayor difusión posible.
Madame Bovary nos narra la vida de Emma, cuyo padre inesperadamente sufre una
fractura en la pierna, a lo cual acuden al médico Charles Bovary. Las visitas
del médico hacen que la chica se genere una impresión y atracción infantil
hacia aquel hombre, que también se va interesando cada vez más por la joven a
la par que cada día encuentra más insoportable a su esposa, la viuda de 40
años. Como era de esperarse, la viuda fallece e inmediatamente ocurre la unión
entre Bovary y Emma. No pasa mucho tiempo para que Emma, lógicamente encuentre
a su marido diferente a como en un inicio lo percibía, y busque el amor verdadero
en otro amante. Charles Bovary no es un mal hombre, no le ha pegado, y la trata
como una princesa. Pero Emma no es para él, y él tampoco es para Emma.
La situación se complejiza gracias a que Emma no ha
estudiado ninguna carrera, pues para una del sexo femenino, era impensable, y
además ha dado a luz una hija con su cónyuge. No hay más alternativa que ser la esposa de
Charles y vivir de este, y a medida que despilfarra más el dinero del médico en
sus amoríos, la deuda es inevitable y la crisis financiera, familiar también
inminente. Al final acaba todo siendo culpa de la fatalidad, la fatalidad de
los factores y circunstancias externas, el determinismo que nos lleva a
destinos y abismos que nunca hemos pedido. Los personajes solo están allí
viviendo una pesadilla de nunca acabar que es causada por problemas más grandes
y más poderosos que ellos; las prohibiciones constitucionales y gubernamentales
en Francia de las mujeres para divorciarse, para estudiar, para conseguir un
trabajo que les permita vivir cómodamente, y la mentalidad inflexible del siglo
XIX. Sumado a la carencia de objetividad y la corrupción del tendero, quien
manipula a Emma para hacerle deber sumas cada vez más grandes. Al final marido
y mujer mueren y la hija, nacida producto del caos generado queda sola. Esta
novela, es una explícita y atemporal alusión al profundo alcance e influencia
que tienen los problemas sociales sobre nosotros, sin importar en que año o cultura
hayamos nacido.
Por Sara Sofía Tovar Haeckermann
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